G.I.C. sobre la economía del periodo de transición. Una introducción

Este artículo ofrece una introducción al libro político y económico más importante del GIC. Trata de aclarar los malentendidos más importantes que siguen marcando su recepción.

1. Origen y significado de los “Principios fundamentales”

La obra Principios fundamentales de la producción y distribución comunistas (más tarde abreviado como Principios Fundamentales) del Groep(en) van Internationale Communisten (GIC) es un texto importante de la Izquierda comunista sobre los problemas económicos del período de transición del capitalismo al comunismo. El GIC presenta el valor de los Principios Fundamentales de la siguiente manera :« Tan pronto como el gobierno de la clase obrera se ha convertido en un hecho en un país industrializado, el proletariado se enfrenta a la tarea de llevar a cabo la transformación de la vida económica sobre una nueva base, la del trabajo colectivo. La abolición de la propiedad privada es fácil de declarar, y será el primer paso en el sistema político establecido por la clase obrera. Pero se trata sólo de un acto jurídico que pretende proporcionar una base jurídica para el proceso económico real. La verdadera transformación y el verdadero trabajo revolucionario no hacen más que empezar » 1)

El significado de este texto no se limita a responder a las preguntas que surgirán inmediatamente cuando la clase obrera haya tomado el poder político. Los Principios Fundamentales son de mayor interés en el debate entre los juicios hechos por las Izquierdas italiana y germano-holandesa sobre las lecciones de las revoluciones obreras de 1917-1923. Este debate aún se enfrenta a la ignorancia mutua de las opiniones de cada una. Debido a la falta de traducciones completas de la edición final de los Principios Fundamentales de 1935, y a veces debido a la existencia de extractos limitados y a la falta de conocimiento de los estudios preliminares sobre los Principios Fundamentales 2), han surgido todo tipo de malentendidos que han obstaculizado el debate hasta la fecha.

Màs allá de Marx, Engels y Lenin

Los Principios Fundamentales son una elaboración del concepto de una nueva sociedad, un concepto que Karl Marx y Friedrich Engels sacaron de las contradicciones internas del capitalismo y de la acción autónoma de la clase obrera de su tiempo, particularmente en las revoluciones burguesas de 1848 y en la Comuna de París de 1871. En la primera edición de los Principios Fundamentales (en alemán), los editores del GIC relatan que sólo después de completar sus estudios tuvieron conocimiento de la Crítica del Programa de Gotha de Marx. En consecuencia, las medidas económicas propuestas por el GIC ya habían sido presentadas por Marx 3). Odiando a cualquier escolástica, el GIC analizó críticamente las ideas reformistas de una economía planificada que se había desarrollado después de Marx y Engels. El GIC muestra en los primeros seis capítulos que los bolcheviques aplicaron una concepción capitalista de Estado de la economía planificada en la Unión Soviética, una concepción que habían tomado prestada del reformismo. Además, en su última edición de 1935 en holandés, el GIC critica la variante de economía planificada del comunismo libertario aplicada por el anarcosindicalismo en 1936 en España 4). Pero sobre todo, el GIC se basa en los movimientos revolucionarios de los consejos de Rusia y Alemania de 1917 a 1923.


G.I.C. Fundamental principles of communist production and distribution
First translation of the final 1935 edition by G.I.C.
Now available in Europe, in America


Para una buena comprensión de los Principios Fundamentales, es necesario conocer el marco político en el que el GIC propone sus medidas económicas. Como se desprende claramente de la cita anterior, el GIC presupone una revolución proletaria triunfante en la que los trabajadores dominan un territorio industrial de tamaño razonable. En esta revolución, la clase obrera, masivamente organizada en consejos, ha derribado al Estado burgués y, a partir de ese momento, ejerce la dictadura del proletariado a través de estos mismos consejos sobre una sociedad y una economía que todavía presentan casi todas las características del capitalismo. En la medida en que la resistencia de la clase capitalista y otras clases derrotadas se debilita y la revolución proletaria se extiende por todo el mundo, este “Estado obrero” se marchita. Este es brevemente el marco político que el GIC, a menudo se piensa erróneamente, ha descuidado en favor del aspecto “económico”. Cabe señalar que la oposición conceptual entre “economía” y “política” es típicamente un enfoque leninista. Los Principios Fundamentales no descuidan el aspecto “político”, pero el GIC toma una posición diferente a la de Lenin al enfatizar que la dictadura del proletariado es el ejercicio masivo del poder de la clase obrera por los consejos, y no la dictadura de un partido con la ayuda del Estado. El lector de los Principios Fundamentales no debería esperar un análisis más profundo de la Revolución Rusa porque ese no era el propósito de este texto. Del mismo modo, los Principios Fundamentales no abordan ninguna de las formas superiores de comunismo, sino que se centran en el período inmediatamente posterior a la revolución y en las medidas económicas para garantizar que los trabajadores sigan ejerciendo el poder sobre la sociedad.

Es dentro de este marco político que el GIC se centra en los aspectos económicos de la fase de transición. La clase obrera utiliza el poder que tiene sobre los medios de producción para abolir el trabajo asalariado en todos sus aspectos. Lo hace como clase revolucionaria, empezando decididamente a poner fin a la división entre el trabajo intelectual y el manual y revolucionando las relaciones sociales en tanto que masa organizada en asambleas generales y consejos de empresa. Marx pensaba en esta organización cuando escribió sobre la “asociación de productores libres e iguales”. Con esta asociación, las relaciones de producción dan un salto inmediato de la producción con fines de la ganancia a la producción para las necesidades sociales. A largo plazo, la clase obrera llevará la economía de la escasez a la abundancia: así permitirá la integración de las otras clases en la “asociación de productores libres e iguales”, en la que el trabajo se transformará en el desarrollo de la personalidad única de cada individuo. El principio del consumo de cada uno según las necesidades se extenderá a una parte cada vez mayor de la producción.

Jan Appel y el GIC

El primer paso de este texto de la izquierda comunista germano-holandesa lo dio el experimentado obrero revolucionario alemán Jan Appel, miembro del SPD, más tarde presidente del revolutionäre Obleute de Hamburgo, cofundador del Spartakusbund, miembro del KPD(S), cofundador del KAPD, en los Países Bajos cofundador del GIC en 1927 y después de la Segunda Guerra Mundial miembro del Communistenbond ‘Spartacus’. 5) Llegó a sus primeras ideas debido al caos económico tanto en Alemania inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, como en Rusia después de la Revolución de Octubre. Como delegado del KAPD en el CEIC en 1920, y en el Tercer Congreso de la Internacional Comunista en 1921, vio cómo los trabajadores de la fábrica textil Prokhorof y de la gigantesca fábrica de metales Putilov eran impotentes ante el caos que los bolcheviques causaban en la economía, y en particular cómo persistía el trabajo asalariado. 6)

Una entrevista con Paul Mattick muestra que él y Jan Appel estuvieron en contacto uno con otro en la estela de la ola revolucionaria en el área del Ruhr alemán. Jan Appel fue arrestado por la policía por robar a un comerciante clandestino. Sus camaradas del KAPD estaban preocupados de que fuera reconocido como un revolucionario buscado por la policía y condenado a una larga pena de prisión por el secuestro de un barco a Rusia en 1920. Armados con pistolas y granadas de mano, los camaradas de Appel, incluyendo a Paul Mattick, aparecieron en la sala para liberarlo si era necesario. No fue necesario; no se le reconoció como “secuestrador” y fue condenado inicialmente a una corta pena de prisión. 7) .Allí Appel pudo leer Das Kapital y fue capaz de recoger y elaborar sus ideas sobre la base de los fragmentos de Marx sobre el período de transición. Más tarde fue reconocido y tuvo que cumplir una severa sentencia de prisión en Hamburgo por “secuestro”. Después de una amnistía general fue liberado y emigró a los Países Bajos a finales de 1925-1926 para trabajar en el astillero Conrad en Haarlem. Appel llevó sus notas sobre lo que se convertiría en los Principios Fundamentales a los Países Bajos. En 1926 presentó sus ideas para la producción y distribución comunista en dos reuniones. La primera, en la que Appel hizo una introducción, tuvo lugar durante Pentecostés y una segunda reunión se celebró dos semanas después. Los participantes fueron algunos miembros y ex miembros de la KAPN: Henk Canne Meijer, Piet Coerman (Bussum), ir. Jordens (KAPN sección Zwolle) y Herman Gorter. Este último reaccionó de forma extremadamente crítica. Gorter apeló a “El Estado y la Revolución” de Lenin y dijo que la producción debería ser organizará como los servicios postales y los ferrocarriles. Según Appel, Gorter se emocionó tanto que Appel preguntó a los demás participantes qué le pasaba. Gorter ya estaba enfermo entonces. 8) .El 15 de septiembre de 1927 murió. El GIC se formó entonces con, en particular, Coerman, Canne Meijer, Appel y Herman de Beer. El GIC continuó desarrollando el texto básico de Jan Appel, y Canne Meijer se encargó de su redacción.

Tres estudios preliminares

Esto condujo a tres estudios preliminares, partes de los cuales se incluyeron en la primera edición impresa del texto, publicada en 1930 por la Allgemeine Arbeiter Union de Berlín. Estos estudios preliminares son sumamente importantes porque muestran el marco político de los Principios Fundamentales más claramente que la edición de 1930 del texto principal.

El texto fuente de Jan Appel apareció en 1928 en tres episodios en Klassenstrijd bajo el seudónimo de Piet de Bruin como “Aantekeningen over communistische economie”. El texto se refiere directamente a la experiencia práctica de la revolución en Rusia:

“Los intentos que se han hecho en Rusia para construir el comunismo han dibujado un campo en el ámbitode la práctica que hasta ahora sólo podía ser tratada por la teoría. Rusia ha intentado construir una vida económica, en lo que respecta a la industria, según los principios comunistas… y ha fracasadocompletamente  al hacerlo”.9)

En segundo lugar, el GIC publicó un estudio sobre el problema de las relaciones entre la industria y el sector agrícola, y por lo tanto entre los trabajadores  industriales  y los campesinos,lo que  fue un gran obstáculo para la Revolución Rusa. El GIC complementó la experiencia rusa con la actitud de los campesinos en la revolución alemana. De este estudio el GIC deriva la siguiente conclusión política importante:

“La revolución social, que el comunismo considera como una nueva ley del movimiento para la distribución de productos, tiene algo que ofrecer a los campesinos. Además de la exención de todos los arrendamientos, hipotecas y deudas corporativas, la distribución uniforme del producto nacional trae la igualdad directa de la ciudad y el campo, lo que en la práctica lleva a favorecer al campesino. Pero el proletariado agrario, este paria de la sociedad capitalista, da un gran salto adelante, por lo que tiene todo el interés en llevar la agricultura a la producción comunista”. 10)

Este enfoque de los campesinos es completamente diferente de la actitud inconsistente de los bolcheviques: asegurar, poco antes de octubre de 1917, la distribución de la propiedad de la tierra sobre los campesinos; el suministro obligatorio de las ciudades después de la revolución; las concesiones a la propiedad privada de la tierra durante la NEP; finalmente la colectivización forzosa bajo Stalin y, en consecuencia, problemas duraderos con el suministro de alimentos. La perspectiva política mencionada anteriormente se derivó de la investigación del GIC sobre los recientes acontecimientos en el sector agrícola. Este tema siguió una vieja discusión en la socialdemocracia holandesa antes de la Primera Guerra Mundial,11 y el conocido comentario de Gorter en su Carta Abierta al camarada Lenin sobre la diferente importancia de los campesinos en la revolución en el este y en el oeste. Esta investigación le proporcionó  al GIC la siguiente información:

“(…) que la agricultura actual se caracteriza por la especialización y por lo tanto se ha desarrollado completamente en “producción de productos básicos”. Se ha logrado un aumento de la productividad gracias a la tecnología moderna, sin que las empresas se concentren en una sola mano. Esto se desarrolla en paralelo con el desarrollo de las cooperativas agrícolas, que combinan las granjas en comunidades de interés, pero los agricultores a menudo pierden su “libertad” (para (por ejemplo, en muchos casos, la eliminación de su producto). Es típico, aunque muy comprensible, que el movimiento bolchevique  actual no quiere ver este desarrollo capitalista en la agricultura. Es comprensible, porque estas líneas de crecimiento no encajan en su teoría estatal-comunista. La granja se socializa, las granjas se forjan juntas y actúan colectivamente y, sin embargo, no son en absoluto adecuadas para la administración estatal. Por supuesto, el llamado movimiento obrero socialista no infiere de ello que su teoría estatal  comunista sea errónea, sino que concluye que el comunismo es imposible a menos que la agricultura se desarrolle de acuerdo con las líneas que debería según el marxismo escolástico.(…) La posición del Grupo de Comunistas Internacionales en relación con la naturaleza del revolución proletaria se origina en gran parte en el desarrollo que la empresa campesina ha asumido enlos países capitalistas altamente desarrollados. Es precisamente el hecho de que la agricultura se ha convertido de manera óptima involucrado en el trabajo social, que la agricultura se ha integrado en el proceso de la división social del trabajo, que ha avanzado a la producción industrial y sin embargo no puede ser integrado orgánicamente en el “socialismo o “comunismo”, que pone en duda la coherencia de las teorías denominmadas “comunistas”. El conjunto de ‘nacionalización’ o ‘teorías de socialización’ parecen no ser más que una distorsión reformista de los objetivos proletarios”. 12)

El tercer estudio preliminar del GIC no se publicó en los Países Bajos hasta 1932, como el folleto Marxisme en staatscommunisme; het afsterven van de staat. 13) Jan Appel ya había publicado este texto en alemán en 1927. En Marxisme y  communismo estatal, el GIC critica la identificación de la nacionalización con la socialización y del capitalismo de estado con el socialismo, que Lenin había adoptado del reformismo en El Estado y la revolución. En contraste con el fortalecimiento del Estado que se derivó de ello, y que contrastaba con la expectativa de Lenin de que el Estado se marchitara, el GIC se adhiere a la opinión de Marx de que la asociación de productores libres e iguales, es decir, los consejos de trabajadores, se hace cargo de los medios de producción. Por lo tanto, para el GIC es natural que los consejos de trabajadores ejerzan su dictadura sobre la sociedad también económicamente, es decir, controlando la producción y la distribución como una asociación de productores libres e iguales. De esta manera es posible que esta dictadura (‘estado proletario’) realmente muera en el futuro desarrollo del comunismo.

2. Malentendidos y anti-critica

En lo anterior, se hizo referencia a los malentendidos que han surgido a lo largo del tiempo debido a las deficientes traducciones y resúmenes de los Principios Fundamentales, así como a la falta de conocimiento de los tres estudios preliminares. Esta sección presenta los más importantes de estos malentendidos y los corrige con referencias a la versión de 1935 de los Principios Fundamentales.

La primera crítica fue la de Hermann Gorter cuando presentó el primer borrador de Jan Appel. Lamentablemente, esta crítica sólo se transmitió oralmente. El uso de Gorter a El Estado y la Revolución de Lenin para apoyar su opinión de que la producción debería organizarse de la misma manera que la oficina de correos y los servicios ferroviarios fue respondido por Appel en su crítica de Lenin en la versión original alemana de 1927 del folleto del GIC : Marxisme en staatscommunisme; het afsterven van de staat 14).

Supuestos ideales de igualdad absoluta

Anton Pannekoek también se mostró inicialmente escéptico y no quiso escribir una introducción a lo que consideraba un plan utópico. Después de leerlo, resultó que se trataba más bien de una crítica a la opinión de que la organización de la producción debía ser llevada a cabo por el Estado 15). En su libro De Arbeidersraden (1946), Pannekoek dedicó diez páginas a resumir los Principios Fundamentales 16). En su libro de referencia sobre la Izquierda comunista holandesa y alemana, Bourrinet sugiere que Pannekoek critica “implícitamente” los Principios Fundamentales en De Arbeidersraden. Entre otros muchos conceptos erróneos, que muestran que el autor no está familiarizado con la versión de los Principios Fundamentales revisada y corregida en 1935, Bourrinet asume erróneamente que el GIC utiliza una idea absoluta de “justicia” y “distribución equitativa” 17).

En su introducción a la re-edición de la primera edición alemana en 1970, Paul Mattick ya había criticado la distribución fundada sobre las horas de trabajo que el GIC proponía al principio de la fase de transición. Además, esta introducción contiene todo tipo de puntos que son interesantes para la discusión, pero que van más allá del alcance de este texto. « Las posibles injusticias de una distribución ligada al tiempo de trabajo » que Mattick indicaba, a saber, que a pesar de la igualdad formal no hay igualdad ni en el trabajo ni en las condiciones de vida de los trabajadores, eran conocidas tanto por el GIC como por Marx, y la solución esencial es la evolución hacia una etapa superior del comunismo en la que lo que prevalecerá es tomar según las necesidades y dar según las capacidades. Mattick simplifica el problema partiendo de la hipótesis según la cual « en los países capitalistas avanzados (…) las fuerzas sociales de producción están suficientemente desarrolladas para producir medios de consumo abundantes » y que « en las condiciones de una economía comunista, es posible producir una abundancia de medios de consumo, lo que hace superfluo el cálculo de la participación individual [al trabajo colectivo] » 18). Primero, no sabemos cuál serán las devastaciones causadas por la destrucción del medio ambiente, las guerras imperialistas, las crisis económicas y la guerra civil entre el capital y el trabajo, que la victoriosa clase obrera heredará del capitalismo. En segundo lugar, Mattick no hace la pregunta: ¿Quién trabajará si el consumo es gratuito? La transición de la escasez a la abundancia en las formas superiores del comunismo no es sólo una cuestión de desarrollo técnico de las fuerzas productivas. La revolución es también la “auto-educación” de las fuerzas productivas humanas a través de la cual « la clase [el proletariado] que derroca a la otra, barr[e] toda la podredumbre del viejo sistema que sigue pegándola y [es] capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases » 19)

Fue en el seno del grupo Daad & Gedachte, sobre la base de su propio resumen de los Principios Fundamentales, donde a finales de los años setenta surgieron los debates sobre las desigualdades existentes de pago, si se calculan sobre la base de las horas trabajadas. Además de interesantes propuestas para compensar estas desigualdades, el grupo propone ideas de igualdad que no se encuentran en los escritos del GIC ).20

Al inicio del período de transición, cuando la sociedad todavía tiene las características del capitalismo, el término ’libertad’, que aparece en la “asociación de productores libres e iguales”, tiene una connotación negativa, ya que se opone a la de opresión, y no todavía la connotación del libre desarrollo de las cualidades únicas de cada individuo. Del mismo modo, el término ’igualdad’, inmediatamente después de la revolución proletaria, nos recuerda que la igualdad formal de la ley civil de los “productores iguales” oculta todo tipo de formas reales de desigualdad. La igualdad se aborda en los Principios Fundamentales de 1935 en el Capítulo IX bajo el título ’Rechtvaardige’ verdeling ?’ :

« En la producción comunista, por lo tanto, pedimos que el tiempo de trabajo sea la medida del consumo. Cada trabajador determina por su trabajo al mismo tiempo su parte en las reservas sociales de bienes de consumo. O, como dice Marx: « La sociedad le entrega un bono consignando que ha rendido tal o cual cantidad de trabajo (después de descontar lo que ha trabajado para el fondo común), y con este bono saca de los depósitos sociales de medios de consumo la parte equivalente a la cantidad de trabajo que rindió. La misma cantidad de trabajo que ha dado a la sociedad bajo una forma, la recibe de esta bajo otra distinta » 21) (Véase el final del capítulo III).
Esto se interpreta erróneamente como una distribución “justa” del producto social. Y es cierto en el sentido de que nadie puede cruzarse los brazos, como lo hacen los accionistas cuando su única ocupación es cobrar dividendos. Pero la justicia no va más allá de este caso. A primera vista, parece que se han abolido todas las diferencias salariales y que todas las funciones de la vida social, ya sean intelectuales o manuales, otorgan los mismos derechos a las reservas sociales. Pero si miramos más de cerca, la ley de igualdad funciona de manera muy injusta.
Tomemos a dos trabajadores, que dan a la sociedad lo mejor de sí mismos. Pero uno es soltero, mientras que el otro tiene una familia con cinco hijos. Otro está casado, pero el marido y la mujer trabajan de modo que tengan un “doble” ingreso 22). En otras palabras, el mismo derecho a los recursos sociales se convierte en una gran injusticia en el consumo práctico
Por lo tanto, la distribución según la regla del tiempo de trabajo nunca puede resultar de la justicia. La regla del horario de trabajo tiene los mismos defectos que cualquier otra regla. Esto significa: una regla justa no existe y nunca puede existir. Cualquiera que sea el criterio elegido, siempre será injusto. Esto se debe a que usar un baremo significa ignorar las diferencias individuales en las necesidades. Una persona tiene pocas necesidades, otra tiene muchas. Un hombre puede satisfacer todas sus necesidades con su asignación de suministros, mientras que a otro le faltan todo tipo de cosas. Dan todo lo que pueden a la sociedad, pero los primeros pueden satisfacer sus necesidades y los segundos no.
Esta imperfección es inherente a cualquier baremo. En otras palabras, la definición de una medida del consumo es una expresión de la desigualdad en el consumo.
La exigencia de igualdad de derechos sobre las reservas sociales no tiene nada que ver con la justicia. Por el contrario, es una exigencia política por excelencia que estamos haciendo como asalariados. Para nosotros, la abolición del trabajo asalariado es el punto central de la revolución proletaria. Mientras el trabajo no sea la norma para el consumo, existe un ’salario’, ya sea alto o bajo. En cualquier caso, no existe una relación directa entre la cantidad de bienes producidos y los salarios. En consecuencia, la gestión de la producción, la distribución de los bienes y también la plusvalía así producida recaen necesariamente en las “autoridades superiores”. Sin embargo, si el tiempo de trabajo es el criterio adoptado para el consumo individual, significa que se ha suprimido el trabajo asalariado, que ya no se produce ningún plusvalía y que, por lo tanto, ya no es necesario que los “organismos superiores” distribuyan el “ingreso nacional”.
La necesidad de un derecho igual sobre los recursos sociales no depende, por tanto, de la “justicia” o de cualquier otro tipo de evaluación moral. Se basa en la convicción de que sólo de esta manera los trabajadores asalariados pueden retener el control de la economía. Es a partir de la “injusticia” del derecho igual que la sociedad comunista comenzará a desarrollarse »23).

Incomprensión del marco político

En cuanto a la Izquierda italiana en el exilio, hizo una crítica más política de los Principios Fundamentales. Sin embargo, Mitchell, en un artículo muy largo en Bilan, de 1936 a 1937, ignoró las premisas políticas encontradas tanto en los estudios preliminares como en la edición de 1935 de los Principios Fundamentales. Por lo tanto, su conclusión equivale en parte a afirmar lo obvio :« En la próxima revolución, el proletariado ganará independientemente de su inmadurez cultural y sus deficiencias económicas, siempre y cuando no dependa de la “construcción del socialismo” sino del desarrollo de la guerra civil internacional » 24). Hennaut ya había escrito un resumen en francés de los Principios Fundamentales para Bilan en 1936 25). Conociendo la edición holandesa, Hennaut formuló en 1935 con mucha más cautela y precisión lo que Bilan estaba pensando sobre la cuestión del Estado proletario : « Por eso una revolución, por muy “madura” que sea, no puede ser nunca un proceso mecánico. Es posible que esta no sea la opinión de nuestros camaradas holandeses y que la brecha que señalamos sólo se deba a la necesidad de abstraer de alguna manera y mostrar, en aras de la claridad de la exposición, que el desarrollo económico está completamente separado de la intervención política, pero es importante aclarar este punto. Es cierto que en alguna parte afirman que el Estado sigue siendo necesario para el proletariado después de la toma del poder. Es un “Estado” de naturaleza particular, que ya no es, en realidad, un Estado, como Lenin, después de Marx, mostró. Es un Estado que “no puede dejar de marchitarse”, mientras que el marxismo ha subrayado que el Estado es siempre el instrumento de opresión de una clase a otra. Es posible que, en aras de la claridad de la exposición, el término “Estado proletario” tenga que ser sustituido en la terminología por otro más apropiado. Pero con estas explicaciones, se comprenderá nuestras críticas. La presentación de los holandeses afirma la necesidad de un “Estado proletario” que no pueda escapar a su función de instrumento de represión de la contrarrevolución »26)

La Izquierda italiana ha presentado posiciones interesantes sobre el Estado en la fase de transición en Bilan y Internationalisme. Desafortunadamente, la discusión entre las posiciones de la Izquierda Comunista Italiana y la Izquierda Comunista Holandesa ha estado bloqueada durante décadas debido al desprecio al marco político que ha utilizado el GIC 27). Algunos de estos persistentes malentendidos han sido difundidos por Gilles Dauvé.

Después de mayo de 1968, la Izquierda holandesa y alemana fue re-descubierta en Francia. Este re-descubrimiento ocurrió bajo el disfraz de ilusiones pequeñoburguesas y artesanales de “autogestión obrera” económica en fábricas aisladas ocupadas – por ejemplo, la fábrica de relojes LIP [en Francia, ndt] – dentro del capitalismo. Después de que algunos textos comunistas de consejos se tradujeran de nuevo o se publicaran de fuentes poco claras, Authier y Barrot (este último seudónimo de Gilles Dauvé) publicaron en 1976 una primera historiografía en francés de La Gauche communiste en Allemagne 1918-1921. Los autores reiteraron las críticas de Bordiga a la supuesta obsesión de la Izquierda comunista alemana por las formas de organización (consejos, partidos) en detrimento de su contenido, es decir, el programa comunista. Bordiga indicó que mientras el Partido Comunista de Rusia en el poder se adhiera aunque sólo sea “programáticamente” a la revolución mundial, Rusia será gobernada por una dictadura del proletariado. Bordiga no identificaba el capitalismo de Estado y el socialismo, como hace Lenin en El Estado y la Revolución antes de la Revolución de Octubre. Bordiga se reclamaba de las declaraciones de Lenin en el momento de la lucha contra los comunistas de izquierda [la fracción Bukarin del 1918, nota del traductor], y más tarde en la defensa de la NEP. Lenin, que se había vuelto más analítico después de la Revolución de Octubre, defendía el capitalismo de Estado como un avance económico hacia el socialismo, pero lo cualificaba de capitalismo. Con respecto a estas sutilezas significativas en la defensa del capitalismo de Estado por Lenin y Bordiga, es importante destacar que Bordiga aceptaba la sustitución leninista de la actividad y organización de masas por la organización minoritaria del partido, mientras que las Izquierdas holandesa y alemana se unieron a la posición de que los consejos obreros son los órganos de masas de la dictadura del proletariado. Pero esta visión es rechazada, en un estilo leninista, desde el punto de vista substitucionista del bordiguismo, como expresando la prioridad de la forma organizativa sobre el contenido programático, si no simplemente como “economicismo”. Con el uso bordigista de la primacía del programa, Authier y Barrot describieron a toda la Izquierda germano-holandesa como “consejista” 28), negándole su carácter “comunista”.

El mayor crimen que el GIC ha cometido a los ojos de Authier y Barrot es proponer la introducción de la hora media de trabajo socialmente necesaria como unidad de cálculo en una economía que todavía conoce la escasez. Al introducir una unidad de contabilidad general, se mantendrían las relaciones de valor. Para demostrarlo, invocan a Bordiga, que durante mucho tiempo había sido el único que había repetido que el comunismo ya no tiene ningún valor. Los cálculos debían aplicarse únicamente a las cantidades físicas, « pero no con el fin de cuantificar, regular, un intercambio que ya no existe » 29). Es en este contexto que Authier y Barrot se refieren a dos fragmentos de la vasta obra de Bordiga sobre la Estructura Económica y Social de Rusia hoy en día 30). Sin embargo, se afirma en primer lugar en estos fragmentos que, en el socialismo, la acumulación de valores es reemplazada por la producción de valores de uso (p. 191). En segundo lugar, Bordiga indica que los bolcheviques utilizaron la moneda como medio de cálculo en su planificación, y está de acuerdo con Bujarin cuando expresa su preferencia por la planificación en especie o en cantidades físicas (p. 205). Los bolcheviques aplicaron esta planificación en especie durante el comunismo de guerra, que fue generalmente reconocido como un completo fracaso, después de lo cual se introdujo la NEP. La planificación en cantidades físicas ha sido analizada por el GIC en los Principios Fundamentales 31).

Authier y Barrot se refieren a la crítica de Proudhon por parte de Marx como segundo argumento contra el tiempo de trabajo como unidad de cálculo. Sin embargo, en 2013, David Adam demostró que las propuestas del GIC están totalmente en línea con las de Marx. A través de sus aventuras políticas, Barrot/Dauvé se convirtió en el principal ideólogo del movimiento de “comunización” 32).

Ante el argumento de Adam, Dauvé le dio la espalda a Marx :« En Critique of Socialist-Money Schemes & the Myth of council Communism’ Proudhonism,(libcom.org, 2013), David Adam refuta mi anterior crítica a la visión consejista del comunismo argumentando que la noción del valor del GIC es la misma que la de Marx. El hecho de que la discusión se haya vuelto bastante difícil no es ni de David Adam ni mío, es sólo porque el tema es complicado. En el pasado, quise cuestionar al GIC en nombre del análisis del valor de Marx haciendo una referencia particular a los Grundrisse. Ahora planteo el argumento de que hay algo muy discutible en la propia visión de Marx, tanto en El capital como en los Grundrisse, que el GIC siguió los pasos de Marx y que fue un error hacerlo: lejos de ser un instrumento de medición útil y justo, el tiempo de trabajo es consanguíneo con el capitalismo. Es más que un vínculo causal: el tiempo de trabajo es la sustancia del valor. Marx fue ciertamente un precursor del proyecto consejista » 33).

En aras de la exhaustividad, cabe señalar aquí que el libro de Bordiga, Estructura económica y social de Rusia hoy, contiene un capítulo en el que menciona los bonos de trabajo (con el número de horas trabajadas) que Marx, en su Crítica del programa de Gotha, proponía como un derecho al consumo durante la primera etapa de la sociedad socialista. Bordiga dice que en la Unión Soviética, el se encontró con todo tipo de categorías puramente capitalistas como dinero, ahorros, cuentas bancarias, intereses, crédito, pero nunca con estos certificados de trabajo 34). Esto hace que la llamada de Dauvé a Bordiga sea por lo menos cuestionable.

Ya se ha hablado bastante de los persistentes malentendidos sobre los Principios Fundamentales debido a la falta de conocimiento del texto en cuestión, en particular en el mundo francófono. Y finalmente, dejemos que el GIC hable por sí mismo.

La dictatura económica del proletariado

Fue bajo el título “La dictadura económica del proletariado” que el GIC presentó su visión política en la edición de 1935 de los Principios Fundamentales :

« Finalmente, debemos dedicar unas palabras a la dictadura del proletariado. La dictadura es algo obvio para nosotros, y por lo tanto no necesitamos necesariamente hablar de ella, ya que la realización de la vida económica comunista no es diferente de la dictadura del proletariado. La aplicación de la economía comunista no significa nada más que la abolición del trabajo asalariado, que conduce a la igualdad de derechos de todos los productores a las reservas sociales. También es la abolición de los privilegios de ciertas clases. La economía comunista no da a nadie el derecho a enriquecerse a costa del trabajo de los demás. El que no trabaja, no come. La aplicación de estos principios no es en absoluto “democrática”. La clase obrera los implementa con la lucha más violenta y sangrienta. No se puede hablar de “democracia” en el sentido de la cooperación de clases, como la conocemos hoy en día en los sistemas parlamentarios y sindicales.
Pero si miramos la dictadura del proletariado desde el punto de vista de la transformación de las relaciones sociales, de las relaciones recíprocas entre los hombres, entonces la dictadura es la conquista real de la democracia. El comunismo no significa nada más que el hecho de que la humanidad está entrando en una fase cultural superior, ya que todas las funciones sociales están bajo la dirección y el control de todos los trabajadores, y por lo tanto toman su destino en sus propias manos. En otras palabras, la democracia se ha convertido en el principio de la vida en sociedad. Así, una democracia esencial, arraigada en la gestión de la vida social por las masas trabajadoras, es exactamente igual a la dictadura del proletariado.
Una vez más, estaba reservado para Rusia el convertir esta dictadura en una caricatura al presentar la dictadura del partido bolchevique como la dictadura de la clase proletaria. De esta manera, ha cerrado la puerta a una verdadera democracia proletaria, es decir, a la administración y dirección de la vida social por las propias masas. La dictadura del partido es la forma en que se frustra la dictadura del proletariado.
Además del significado social de la dictadura, veamos su contenido económico. En el ámbito económico, la dictadura actúa de tal manera que impone una aplicación general de las nuevas reglas sociales a las que está sujeta la vida económica. Los mismos trabajadores pueden añadir todas las actividades sociales a la economía comunista si aceptan sus principios, si implementan la producción para la comunidad bajo la responsabilidad de la comunidad. Todos juntos ponen en práctica la producción comunista.
Es obvio que las diversas áreas del sector agrícola no seguirán inmediatamente las reglas de la vida económica comunista, es decir, no se unirán a la comunidad comunista. También es probable que algunos trabajadores entiendan el comunismo de tal manera que quieran dirigir empresas de forma independiente, pero no bajo el control de la sociedad. En lugar del capitalista privado del pasado, sería entonces la organización de la empresa la que actuaría como “capitalista”.
En este sentido, la función específica de la dictadura económica es organizar el sector económico de acuerdo con las normas generales, en las que la contabilidad social de la oficina general de contabilidad cumple una función importante. En las cuentas sociales, encontramos el registro de los flujos de bienes en la vida económica comunista. Esto no significa nada más que aquellos que no forman parte del sistema de contabilidad social no pueden obtener materias primas. En efecto, en el comunismo, nada se “compra” o “vende”. Los productores sólo pueden obtener productos y materias primas de la comunidad para su distribución o transformación adicional. Por otro lado, aquellos que no desean incluir su trabajo en el proceso de trabajo socialmente regulado se excluyen de la comunidad comunista. Así, la dictadura económica conduce a la autoorganización de todos los productores, ya sean pequeños o grandes, industriales o agrícolas. En realidad, esta dictadura es inmediatamente abolida tan pronto como los productores integran su trabajo en el proceso social y trabajan de acuerdo con los principios del control social y la abolición del trabajo asalariado. Por lo tanto, es también una dictadura que ’muere’ automáticamente tan pronto como se establece toda la vida social sobre los nuevos cimientos de la abolición del trabajo asalariado. También es una dictadura que no ejerce su poder usando la bayoneta, sino que procede con las leyes económicas del desarrollo del comunismo. No es el “Estado” el que ejecuta la dictadura económica, sino algo más poderoso que el Estado: las leyes del desarrollo económico » 35).

Los Principios Fundamentales ciertamente no proporcionan la última palabra sobre las medidas que los consejos obreros podrán tomar después de su conquista del poder político. Pero es el GIC que hasta ahora ha producido el análisis más completo y profundo de las experiencias revolucionarias del período 1917-1923. Corresponde a las nuevas generaciones de trabajadores revolucionarios avanzar utilizando como un peldaño lo que se logró hace cien años.

Fredo Corvo, Mayo 2018.

Traducido por la redacción de RG (Revolución o Guerra) excepto el fragmento de “Jan Appel y el GIC” a “2. Malentendidos y anti-critica”, que fue traducido por Inter-rev.

Notas

1 GIC, « Marxisme et communisme d’État : le dépérissement de l’État » – Amsterdam : Groepen van Internationale Communisten, 1932. La cita es idéntica al del primer parafo de Max Hempel (pseudonimo de Jan Appel), Marx-Engels und Lenin : Über die Rolle des Staates in der proletarischen Revolution [« Marx-Engels y Lenin : Sobre el papel del Estado en la revolución proletaria »], in Proletarier (Berlin) n° 4-6, mayo 1927. Se puede considerar que ambos textos corresponden completamente con los Principios fundamentales y que pueden ser considerados como su estudio preliminario.

2 Para una visión general exhaustiva de las diversas publicaciones vinculadas a los textos completos, véase www.aaap.be. Si busca un breve resumen de los Principios Fundamentales, se puede elegir entre los siguientes títulos, que se enumeran aquí desde los más simples hasta los más complejos: Spartacus 1961 (original en holandés), Mattick 1938 parte 1, parte 2 (original en inglés), o Mattick 1934 (original en inglés).

3 Ver Principes fondamentaux de production et de distribution communistes, 1930, chap. XIX. El GIC dice en su versión alemana que « Estas glosas marginales sólo estaban disponibles después del final de nuestro estudio ».

4 GIC, Principes fondamentaux de production et de distribution communistes, 1930, chap. I à VI. GIC, « Les fondements théoriques de l’ouvrage : “Principes fondamentaux de production et de distribution communistes” », 1931, voir aaap.be. La edición de 1935 viene con respuestas a varias críticas. Desgraciadamente, nunca fueron traducidas del neerlandés a otros idiomas. [Las traducciones al alemán y al inglés aparecieron en 2019. Ver amazon.es, amazon.com.mx]

5 Jan Appel (1890-1985).

6 Notas de una conversación de F.O. con Appel sobre 1977. colección AAAP.

7 Plutte, Geoffroy (Hrsg.), Die Revolution war für mich ein großes Abenteuer. Paul Mattick en Gespräch con Michael Buckmiller. Münster, 2013. S. 41/43. La révolution fut une belle aventure : Des rues de Berlin en révolte aux movements radicaux americains (1918-1934) / Paul Mattick; traduit de l’allemand par Laure Batier et Marc Geoffroy; préface de Gary Roth; notes de Charles Reeve. – Montreuil : L’Echappée, 2013.

8 Sobre la base de las notas de una conversación de F.O. con Appel alrededor de 1977. Colección AAAP.

9 Para el texto original completo en holandés ver: Aantekeningen over communistische economie. La primera parte ha sido publicada en AFRD Vol.1#04, 22 de agosto de 2017: “Extractos de: ‘Notas sobre el comunismo   y su  economía’ por Piet de Bruin (Jan Appel), 1928. Parte 1 de 3“).

10 GIC, Ontwikkelingslijnen in de landbouw. Ontwikkeling van het boerenbedrijf. 1930. Véase una posición reciente: Sobre el tema de la agricultura.

11 Ver: Eenige opmerkingen bij de voorstellen van de agrarische commissie / Ant[on]. Pannekoek [Met een antwoord van H. Gorter] in: De Nieuwe Tijd, 1904, p. 409-420.)

12 GIC, Ontwikkelingslijnen in de landbouw. Ontwikkeling van het boerenbedrijf. 1930.

13 GIC, Marxismo y Comunismo de Estado; Alejándose  del Estado – Amsterdam: Groepen van Internationale Communisten, 1932. – 18 p.

14 GIC, Marxisme et communisme d’État : le dépérissement de l’État – Amsterdam: Groepen van Internationale Communisten, 1932.

15 Anton Pannekoek, Herinneringen, 1982, p. 215.

16 Anton Pannekoek, Les conseils ouvriers [Los consejos obreros, traducido del inglés]. – [Paris] : Bélibaste, [1974]. – 499 p., Éditions Spartacus, [en dos tomos], 2010.

17 Para ver la última versión corregida en inglés: The Dutch and German Communist Left (1900-68), Brill, p. 358/363. Bourrinet prepara actualmente una edición nueva en francés, ver Pantopolis. La primera edición de esta tesis [al origen universitaria, nota del GIGC] fue también distribuida por la CCI como siendo su trabajo colectivo. Ver también la crítica de Fredo Corvo : « Council communism or councilism? – The period oftransition ».

18 Ver Introduction/ Paul Mattick [traducido por la redacción de Revolución o Guerra].

19 Marx/Engels : L’idéologie allemande. Traducimos de la versión francesa ya que difieren las versiones de La ideología alemana según los idiomas, incluso en la ordenanza de los capítulos. He aquí la versión que logramos conseguir en https://www.marxists.org/espanol/m- e/1840s/feuerbach/2.htm : « la clase que derriba salir del cieno en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases » [Nota de RG].

20 Daad & Gedachte, Maar hoe dan? Enige gedachten over een socialistische samenleving: Discussie.

21 « El productor individual obtiene de la sociedad – después de hechas las obligadas deducciones – exactamente lo que ha dado. Lo que el productor ha dado a la sociedad es su cuota individual de trabajo» (Marx, Glosas marginales al programa del Partido obrero alemán; https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gotha.htm).

22 Nota de F. C. : Este ejemplo indica incorrectamente que el matrimonio burgués y la familia burguesa continuarán existiendo durante el período de transición. Pero los comunistas propondrán una individualización de los ingresos que garantice que los que forman un hogar lo hagan sólo sobre la base del afecto personal y no forzados por la dependencia económica mutua.

23 Principes fondamentaux, 1935, chapitre IX sous le titre « Rechtvaardige’ verdeling ? ». Son traducidos por nosotros de su versión francesa.

24 Mitchell Problèmes de la période de transition.

25 « Production et distribution communistes » (Bilan, resumido por Adhémar Hennaut, 1935).

26 A. Hennaut, « Les internationalistes hollandais sur le programme de la révolution prolétarienne », 1935. Ver también « Production et distribution communistes » (Bilan, resumido por Adhémar Hennaut, 1935).

27 En la colección de textos G.I.C. ‘Grondbeginselen der communistische productie’ I. De politieke randvoorwaarden.

28 Authier/Barrot, « La Gauche Communiste en Allemagne 1918-1921 », Paris, 1976 p. 18.

29 Ibidem, p.227.

30 Bordiga, « Structure économique et sociale de la Russie d’aujourd’hui »; II Développement des rapports de production après la révolution bolchevique, Paris.

31 En alemán : GIC « Die Ausgangspunkte der Grundprinzipien kommunistischer Produktion und Verteilung », Ch. III Die Distribution der Produktionsmittel und Konsumgüter in ‘Natura’ als bolschewistisches Ideal, p. 167. En inglés : GIC, « The Basic Theoretical Foundations of the Work “Fundamental Principles of Communist Production and Distribution” », Ch. III The Distribution of Means of Production and Consumption “in Natura” (by Barter) as a Bolshevik Ideal. En holandés : GIC, Grondbeginselen van de communistische productie en distributie, Ch. II De distributie van productiemiddelen en consumptie in natura als bolsjewistisch ideaal et GIC, « Grondbeginselen van de communistische productie en distributie », Ch. XII De opheffing van de markt.

32 Sobre esta asquerosa historía, ver Bourrinet, « Dictionnaire biographique d’un courant internationaliste », Dauvé.

33 Gilles Dauvé, « Value, time and communism : re-reading Marx », presentado como Chapitre d’une nouvelle édition d’Eclipse & Re-Emergence of the Communist Movement.

34 Bordiga, idem, Le “bon” de Marx, p. 221 y páginas siguientes.

35 « Principes fondamentaux », 1935, dans Ch. XVI sous le titre : De economische dictatuur van het proletariaat [traducido por la redacción de RG].

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